Las riberas del Ebro se han convertido en el centro de convivencia por excelencia de Zaragoza, uno de sus espacios abiertos en los que disfrutar, pasear, dialogar y vivir. Zaragoza es una ciudad alegre y festiva y, en los últimos años, tenía la asignatura pendiente de recuperar para uso popular un espacio exterior de cultura que se convirtiera en el centro estelar de la programación veraniega.
Tiene capacidad para más de 7.000 espectadores y un escenario de 18 x 14 metros. Por eso, este año, los esfuerzos de Festivales del Ebro han ido encaminados a recuperar ese espacio: dotar y programar el esplendido Anfiteatro de Ranillas como un espacio de cultura, llenarlo de un amplio espectro de opciones musicales, y favorecer la posibilidad de sentir la brisa del río, mirar el horizonte y bailar en un nuevo territorio de placer de 8 kilómetros de largo, con un graderío como corazón.
Ranillas, este año, vuelve a ser el centro de la música.
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